MUSEO DE BELLAS ARTES DE BADAJOZ

PINTURA


  • Detalle de pintura
  • Detalle de pintura

Luis de Morales

Badajoz, h. 1510 – ¿Alcántara? (Cáceres), 1586

La figura de Morales es sobradamente conocida en el ámbito artístico extremeño y nacional. Apodado "El Divino" por la profunda religiosidad de su pintura, su prolífica y personal producción pictórica va a despuntar entre los pintores españoles de la segunda mitad del XVI. Su pintura se mueve entre la tradición flamenca, de donde nacen su concepción del paisaje y el detallismo de su pincelada, así como el carácter medieval de los personajes y su iconografía, y las innovaciones venidas de Italia, que el pintor pacense recogía hábilmente en su obra mediante la aplicación del sfumato, esto es, la difuminación de volúmenes y contornos en busca de la profundidad.

La obra de Morales, que alcanzó gran fama y difusión ya en su tiempo, dada la capacidad del pintor para satisfacer el gusto devoto de la clientela de su época, alcanza su cénit entre los años 1550 y 1570, momento en que elabora el cuerpo pictórico de buena cantidad de retablos, destacando entre éstos el de Arroyo de la Luz, en Cáceres. No obstante, a pesar de estos grandes encargos, también salieron de sus pinceles buena cantidad de obras de menor formato, ya sean trípticos, lienzos o tablillas, generalmente solicitadas por particulares y destinadas a la devoción privada. A estas últimas pertenecen las dos obras de Morales con las que cuenta el MUBA.

La Piedad supone una buena síntesis de los fundamentos pictóricos de Morales: en un ajustado encuadre María abraza el cuerpo de Jesús, ya lánguido y con los labios entumecidos. Destaca el recogimiento espiritual de la obra en el que ambos rostros, muy próximos entre sí, parecen mantener una intensa conexión, acentuada por el profundo gesto de desconsuelo del rostro de la Madre. El pintor presenta ambas figuras de medio cuerpo sobre un fondo neutro y oscuro, donde destaca el color de las vestimentas y las pálidas carnaciones. El tema de la Piedad será uno de los más frecuentes en la producción de Morales y de su taller.

La tabla del Ecce Homo responde también a esta producción de encargos de pequeño formato. El pintor representa a Cristo prácticamente en busto, de nuevo sobre un fondo oscuro en el que destaca la figura y las laceraciones de su carne, así como la caña, que marca una diagonal. Es reseñable la precisión del detalle en esta obra, pues las espinas de la corona marcan su volumen aún dentro de la piel de Cristo, haciendo brotar la sangre en delicados trazos sobre la frente. La figura irradia de igual modo toda la espiritualidad propia de la producción de Morales.